Compramos los regalos rapidamente el 24 al medio dia, en una tienda de juguetes de madera cerca de nuestra casa. Mikados, uno gigante y otro normal, un juego con palitos. El juego consiste en dejarlos caer y luego agarrarlos sin mover los otros y el que agarra mas palitos gana. Yo no conocia este juego, pero aqui es muy popular. Otro juego que compramos fue el Go, un juego de dominos, un rompecabezas numerico, y alguna otra cosa mas que ya no me acuerdo. Nos embalaron todo eso y en 15 minutos ya estabas afuera de la tienda listos para afrontar las 5 horas de camino para llegar hasta Champagne. La A6 (la autopista que une Lyon de Paris) estaba llena, pero sin los atascamientos o "bouchons" tipicos de estos dias en los que los franceses van de un lado a otro, sobretodo los parisinos que descienden a las pistas de sky de los Alpes.
El trayecto fue rapido y dinamico y llegamos a tiempo para tomar el aperitivo e instalarlos a comer... mmm... Benoît llego entretanto y empezamos la comilona entre cinco, Adrien, Peggy (mi cunyada), Benoît, Cathie (la hija menor), Sylvain y yo. Un gran plato de mariscos de toda clase. Caracoles de mar, "les bulots" (los franceses deben ser el unico pueblo que los come babosos), les coquilles St-Jacques en persillade, los camarones, las gambas, los diminutos camarones del Atlantico, los langostinos, la langosta, las gigantezcas patas de cangrejo, el omar... el todo acompanyado con un vino blanco de Corbières de 2007. Terminamos tan abarrotados que dejamos el segundo plato fuerte para el dia siguiente. Yo me dije, tomo el postre, el té y a dormir, pero no, me pasé jugando casi toda la noche con Cathie en la caverna de juguetes que es su cuarto, haciendo sketchs de teatro que filmabamos de cuando en cuando.
Cathie la estrella de cine
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