
Qué decir de Praga que no me tome anyos en decir. Como escribir sobre una ciudad hermosa, sin tener que caer en la descripcion de sus lugares "turisticos". Como extraerle en cuatro dias, el jugo a una ciudad sin conocer a nadie nacido o que vive alli, sin ir a visitarlo. Tal vez es eso lo que me dejo Praga, una gran frustracion, como a Kafka, que nunca salio de alli. Yo al entrar, me frustré de no poder encontrar quien me mostrara qué era estar en Praga y vivir ahi. Pero Kafka él mismo, remedio mi frustracion y veremos mas adelante por qué.

De pronto la mejor forma de hablar de Praga es pegando aqui lo que escribi mientras estuve alla, una de aquellas tardes de lluvia torriencial, que nos dejaba atrapados en el pintoresco hotel donde nos alojamos. Estas tardes melancolicas eran todo un encanto y me dejaron imagenes impresionistas grabadas para siempre.

Praga, junio 2009.
El sol pega sin pena directo en los ojos. El calor de este fin de junio no resultaria sin embargo fastidioso, fuese incluso soportable siempre y cuando no se condensara con la multitud impresionante de turistas que se aglutinan frente a todo y cualquier cosa. Es eso Praga ahora. Praga o Barcelona o Paris. Y yo soy uno de esos turistas.

Si bien en Barcelona, en Londres y ni que digamos Paris, mas que a visitar la ciudad voy a visitar a mis amigos, en Praga no he podido darme tal lujo. Al ultimo checo que conoci hace anyos, en Paris justamente, cuando estudiaba ciencias politicas, le perdi la pista. Ese interesante guapo muchacho inteligente trabajaba programando juegos de video y era el novio de una de mis camaradas de clase, una eslovaca media loca que tampoco nunca volvi a ver.
Markus se llamaba, era lo que yo pensaba que debia ser Praga: vivaz, profunda y bella. Un poco como los libros de Kundera. Nunca pensaba en Kafka cuando me la imaginaba.
Pensaba en Neruda y en el Ché en Praga y asociaba a estos para mi emblematicos personajes con el ambiente de la ciudad.
Pero sobretodo, lo que yo imaginaba de Praga surgia de las canciones que habia escuchado hace tiempo, cuando estaba en la universidad en Guayaquil y tenia unos veinte anos. Unas canciones bellisimas en checo que mi hermana me habia traido grabadas desde Las Vegas, de una de sus companeras de intercambio checas, Petra.
En Paris, con Kamila la eslovaca, supe que el cantautor de esas canciones se llamaba Jaromir Nohavica. Kamila me presto otros cds que nunca pude grabar. Le perdi otra vez la pista hasta que hace dos anyos tuve una colega de trabajo eslovaca, Jana, que me mostro como se escribia el nombre de este musico. Basto luego internet.
Pero ahora estaba yo en Praga. Queria como siempre, arrancarle mi sueno a la ciudad, personificarlo. Pero no podia, aun no puedo. Solo puedo contemplarla, cuando otro como yo no se me interponga en la vista. Exagero claro. Los turistas somos una especie educada, que trata de seguirse educando con la cultura de otros pueblos, pero sin mezclarse a ella, cuidado. Esta es la ventaja que nos permite a Sylvain y mi, dejar por momentos nuestra especie de homos turistus y convertirnos en personae grata al intentar mezclarnos a la gente del lugar. Esto pasa principalmente por la comida. Encontramos siempre los lugares donde come y vive la gente normal, y esta vez ha sido el caso. En unas calles un poco retiradas de lo que se llama la Vieja ciudad, la Nohtvisad, un restaurante con comida checa, donde sin embargo y para nuestra suerte, los meseros hablan un poco inglés. Tomamos un gulash, una sopa de entrada bien cargada, tipo menestron, pero mas grasosa. Luego una carne al Kanils, una carne con mucha salsa, puesto que esta tiene que empaparse con el Kanils, que es como una especie de pan, un poco mas pesado. Lo menos que se puede decir de esta comida es que es consistente. Cae bien al vientre y te sostiene. Este pedazo reparador nos cayo muy bien luego de que toda la manana fuimos a visitar el barrio de Mala Strana.
La catedral de San Nikolas, es toda una joya barroca. Las piezas rococo de los pilares completan un conjunto de marmol y oro que rellena la vista. Pero bueno, eso es el barroco: relleno, exaltacion.

Ese relato, lo dejo ahi. De no hacerlo, empezaria con la descripcion de lo que ya describen otros por mi y hasta les pagan por hacer eso. Si alguien quiere mas detalles sobre aquellos lugares y su significacion, solo tiene que decirmelo y escribirme y se los daré, y si alguien quiere pagarme por ello, pues mejor!
Por el momento, sigo con lo que me interesa, y es el espiritu de la ciudad.
Praga esta llena de musica. En todas partes, pero principalmente, en el puente San Carlos, los musicos vienen a tocar libremente. Hay acordeonistas solitarios, pianistas ciegos con su teclado en medio puente, y bandas de jazz. Las iglesias, templos y sinagogas son el decorado perfecto donde se llevan a cabo conciertos de musica clasica casi todas las noches. Y las bandas de jazz tocan en bares subterraneos o en otros bares, con la naturalidad de quien no sabe vivir sin la musica.

En Praga se come bastante y barato. Uno no alcanza a terminarse el plato. Mientras no se vaya a los restaurantes hechos para los turistas, uno siempre puede encontrar un restaurante chic o tradicional sin que sea demasiado caro y donde se coma bien.

En Praga nacio Kafka. Hay un museo muy bien hecho, el museo Kafka que queda en la isla de Kampa, donde se muestra quien era Kafka y lo que representa para la ciudad, el mundo y la literatura. Si bien Praga ya no es aquella ciudad provinciana en tiempos de Kafka, existe algo casi asfixiante en la ciudad, que sin ser el unico elemento caracterizador, ayuda a comprender esa cierta angustia que se siente al leerlo. Visitar el museo Kafka fue como visitar a Kafka y encontrar al fin aquel amigo que no tuve para que me muestre su ciudad.


Luego de haber al fin encontrado ese amigo con el que se quieren pasar buenos ratos y seguir explorando el lugar desde su punto de vista y su experiencia, tuvimos que dejar Praga sin demorarnos, porque nos esperaba otra etapa del viaje...












